Nota en el diario La Nación

Queridas familias: aquí compartimos una interesante nota de Guillermo Jaim Etcheverry publicada en La Nación acerca de la relevancia de la educación musical.

Reflexiones

Domingo 16 de marzo de 2014 | Publicado en edición impresa

El maestro de música

Por Guillermo Jaim Etcheverry |  Para LA NACION

Quién fue el maestro que más lo influenció y por qué?”, pregunta el periodista. El entrevistado responde sin titubear: “Mi maestro de fagot, Herbert Tauscher, quien me enseñó que la única manera de hacer algo bien es practicar y escuchar y practicar y escuchar, horas y horas y horas.” ¿Qué tiene de singular esa respuesta? Que quien así contesta no es un virtuoso del fagot. Es Thomas Südhof, un médico graduado en Alemania que desarrolló la mayor parte de su carrera como investigador científico en los EE.UU., donde se desempeña como profesor de biología y fisiología molecular en la Universidad de Stanford, California. Acaba de recibir el Premio Nobel en Fisiología o Medicina 2013 por sus estudios sobre los mecanismos responsables de la liberación de transmisores químicos en las células del sistema nervioso. Por eso, lo sorprendente fue que, ante la consulta periodística, no mencionara como su maestro más influyente a algunos de los destacados científicos con los que se formó, entre ellos, dos que también recibieron el Nobel.

La curiosidad llevó al periodista a indagar acerca del impacto tan importante que tuvo en Südhof su maestro de música. Respondió: “Las capacidades que adquirí al aprender música clásica fueron muy variadas. En primer lugar, el valor que tienen para la creatividad el estudio disciplinado y el aprendizaje repetitivo. No se puede ser creativo con un fagot si no se conoce el instrumento del derecho y del revés y no se puede serlo en ciencia si se carece de un conocimiento profundo de los detalles. En segundo lugar, el valor de contar con una buena guía. Un buen maestro exige, desafía y critica, pero nunca castiga o denigra a su alumno.”

La respuesta de Südhof confirma que los principios de la educación son independientes de aquello que se enseña. Todo maestro que exija, desafíe y critique, demostrando al alumno la importancia que tienen la disciplina y el esfuerzo, dejará en él una huella indeleble. Pero también, como lo señala el renombrado biólogo molecular, el maestro le mostró la relevancia del conocimiento profundo de los detalles. Para poder crear no basta con que los conocimientos residan en libros o en espacios virtuales: es preciso que estén incorporados en las personas. Mozart -con quien Südhof señala que le gustaría compartir una comida- comentó en 1787 al músico checo Johann Kucharz: “Se equivocan quienes afirman que me ha sido fácil adquirir mi arte. Nadie ha estudiado composición tan a fondo como yo. Es difícil encontrar un gran maestro de música cuya obra no haya analizado con frecuencia y, a menudo, de principio a fin”.

El profesor Südhof se extendió sobre este aspecto: “Como músico, aprendí a valorar la tradición, pero, al mismo tiempo, la importancia de intentar trascenderla, ya que si bien es la base que permite progresar, el punto inicial, no puede convertirse en una limitación porque, de hacerlo, tanto en la música como en la ciencia, se ahoga la creatividad y se impide el progreso”. La educación busca que se respeten las tradiciones a las que se accede mediante el aprendizaje de lo que son y lo que representan y, a la vez, genera la convicción de que constituyen esa base sobre la que es posible construir. Pero la buena educación también invita a superarlas, a crear, a progresar.

Agrega Südhof: “Como músico, uno practica durante miles de horas para actuar sólo unos pocos minutos pero cuando ejecuta el instrumento no sólo debe recapitular el material aprendido sino que debe ampliarlo, expandirlo y comunicarlo a los demás. En la ciencia, el proceso es básicamente el mismo ya que, en esencia, depende de la comunicación con los otros y supone aceptar y responder al modo en que reaccionan”.

Hace mucho que el fagot de Südhof descansa en un armario. Pero en el alumno han quedado las lecciones que le regaló su maestro de música y que le resultaron esenciales para su vida como científico: la capacidad de concentración, de trabajo y de análisis.

 

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